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Talleres en julio y agosto. Un espacio para la diversidad.

Como venimos haciendo desde hace años, del 1 al 8 de julio y del 1 al 8 de agosto desarrollamos en “Diraya” dos cursos intensivos de formación en Educación Creadora dirigidos a madres, padres, educadores y otros profesionales, así como a personas interesadas en los procesos de expresión, aprendizaje y comunicación.

En esta parte de la formación, además de charlas teóricas, llevamos a cabo sesiones prácticas de talleres. En estos talleres de pintura, arcilla o movimiento, participan personas de todas las edades, de modo que las relaciones que se establecen estén libres de comparaciones, competición y juicios.

En cada sesión de taller participan algunos adultos de los que se están formando y 5 ó 6 niñ@s de diferentes edades en cada grupo. Otras 6 personas de las que hacen el curso de formación, observan el trabajo que nosotros hacemos durante la sesión.

Las personas que vienen a estos cursos se están formando en como asistir a un grupo que está trabajando, en este caso pintando, modelando o moviéndose, sin juzgar su proceso de aprendizaje y sin desviar sus intereses. A partir del 3er día alguna persona en formación asiste las sesiones pero siempre con nosotros al lado, cuidando de cada persona del grupo.

Gracias a tod@s l@s niñ@s que participan en estos talleres, muchas personas que pasan por esta formación, están pudiendo vivir un grupo de estas características, en el que resalta la diferencia y la diversidad.

Para participar en los talleres de este verano 2019 existen las opciones que aparecen a continuación:

Talleres en julio y agosto 2019

(1)”Un grupo de personas trabajando juntas en una misma sala. Personas que iban desde los tres o cuatro años hasta los sesenta, setenta… quizá más; aún no sé la edad de Gloria que, todavía cuando sus piernas y el tiempo se lo permiten, continúa viniendo al taller a pintar los viernes.

Todas aquellas personas eran completa y visiblemente diferentes entre sí. Estaba claro que un grupo de este tipo no era casualidad o al menos no aquí, en nuestra sociedad, donde las estructuras que nos rodean tienden a generar grupos homogéneos. La razón era evidenciar algo que, por otro lado, es completamente natural, y es que ningún ser humano es igual a otro y, al mismo tiempo, necesitamos pertenecer a un grupo, manteniendo nuestra integridad personal.

Existía un criterio estructural que ponía de relieve las diferencias entre las personas, pero no segregadas sino juntas en un mismo lugar, para jugar al mismo juego. Niños y adultos convivían en un mismo espacio, pintando, jugando en su espacio personal, su hoja, de forma completamente privada y, al mismo tiempo, compartiendo el mismo material, las mismas reglas de juego, las conversaciones, pero nunca el contenido de su trabajo.

Las palabras de Arno Stern:”… la posibilidad de manifestarse diferente entre los otros…” dan otro valor a la vivencia de ser , no libre de juicios porque estoy sola y no hay nadie que me juzga, sino porque dentro de un grupo, soy respetada y cuidada de forma completamente incondicional y mis diferencias se convierten en riqueza para los demás, al igual que las suyas para mí.

De esta manera la competición y la comparación perdían sentido, dejando espacio a una manifestación, personal por un lado y de grupo por otro, en perfecto equilibrio”.

Año tras año agradecemos a todas estas niñas y niños que os acompañan en este proceso de transformación de nuestras miradas.

(1) fragmento del artículo “El juego: despliegue del ser humano”, Vega Martín.
C&P Comunicación y pedagogía (Educación Emocional) 2018 / nº 311-312